De pronto pensó Winston que los proles seguían con sus sentimientos y emociones. No eran leales a un Partido, a un país ni a un ideal, sino que se guardaban mutua lealtad unos a otros. Por primera vez en su vida, Winston no despreció a los proles ni los creyó solo una fuerza inerte. Algún día muy remoto recobrarían sus fuerzas y se lanzarían a la regeneración del mundo. Los proles continuaban siendo humanos. No se habían endurecido por dentro. Se habían atenido a las emociones primitivas que él, Winston, tenía que aprender de nuevo por un esfuerzo consciente. Y al pensar en esto, recordó que unas semanas antes había visto sobre el pavimento una mano arrancada en un bombardeo y que la había apartado con el pie tirándola a la alcantarilla como si fuera un inservible troncho de lechuga.
-Los proles son seres humanos -dijo en voz alta-. Nosotros en cambio, no somos humanos.
Una de las mejores novelas que he leido. Sin duda, es totalmente válida aun hoy en día.
Muy buen libro! lo lei hace un mes nuevamente! buena entrada…
Gran novela