Trastornos de alimentación. Anorexia y bulimia

Para inspirarme en poder escribir este post, he vuelto a leer los blogs contra los que tanto luché de Ana y Mia. Cuando tenía 15-16 años, entraba en estos blogs para intentar hablar con las chicas (y algunos chicos) que estaban orgullosos de ser princesas y príncipes de Ana y Mia. Hablé con muchísima gente, ofreciéndoles apoyo psicológico (que yo en ese entonces no tenía ni idea de que me dedicaría a la psicología pero sabía que podía ayudarles) y haciéndoles entender que su estilo de vida era muy peligroso para su salud. Algunas personas me escucharon y logré que entraran en razón, que buscaran ayuda profesional, pero fue un número muy reducido; lo que más obtuve fueron insultos por atacar su vida y su libertad de decisión.

Pero a día de hoy, lo que más me ha llamado la atención es que estos blogs siguen ahí, tal y como los dejé hace ya muchos años. O incluso mejor: hay blogs donde cuentan su experiencia de cómo salieron de la anorexia y la bulimia (ya no son amigas, ya no son Ana y Mia) y una sensación de bienestar ha calmado mi angustia sobre las personas que han sufrido estos trastornos tan (disculpad la palabra) jodidos. Os explico el por qué.


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En los últimos 30 años se ha producido un cambio en la concepción del ideal de belleza y se ha apostado por un cuerpo más esbelto y angular con lo que la delgadez se ha convertido en un signo de éxito y belleza. La proporción hombre-mujer en los trastornos de alimentación es de 1:10, un 95% son mujeres, siendo ellas las protagonistas, por eso en el post usaré el género femenino. La edad de inicio de los trastornos de alimentación está entre los 12 y los 25 años, su momento más crítico es entre los 15 y los 19. La sobrevaloración de la delgadez, los roles de género de la mujer y los factores socioculturales tienen un importante papel en la génesis de los trastornos alimentarios. Los hombres también sufren trastornos de la imagen corporal aunque apuntan mucho más a la vigorexia.

La anorexia quiere decir, literalmente, falta de apetito y es un término habitual para designar un síntoma secundario en la depresión o la gripe. Pero cuando hablamos de anorexia nerviosa, la cosa cambia, este ya es en sí EL trastorno. La anorexia nerviosa es una enfermedad mental y un trastorno alimenticio en el que la persona se niega a comer pero no deja de pensar en cuáles son los alimentos idóneos para no estar gorda y es ahí donde radica la patología (he leído casos de mujeres que llevan una calculadora en el bolso para medir las calorías que ingieren). A mi juicio, las características esenciales de la anorexia nerviosa son la distorsión en la percepción corporal sin que la persona reconozca el progreso de su delgadez, una baja autoestima que se ve recompensada por los elogios del entorno social cuando pierde peso y el factor sociocultural, sobre todo de la industria de la moda y el cine.

Como ya hemos dicho, la característica esencial de la anorexia nerviosa es el rechazo a mantener el peso por encima del valor mínimo normal para su edad y talla. Es muy frecuente que la AN se inicie por comentarios del entorno social de la persona “estás gordita”, “estás rellenita” con lo que se empieza a reducir la ingesta y a obsesionarse con el cuerpo perfecto (así que en vez de decirle a una adolescente que está gordita os metéis la lengua por el culo, ¿va?). Cuando se logra la pérdida de peso deseada, siguen reduciendo la cantidad de calorías que ingieren por día. Aparecen rituales alimentarios peculiares (como esconder la comida o cortar y arreglar la comida en los platos) y aunque tengan hambre, es tal el horror a engordar, que aumentan su ingesta de agua, toman laxantes o se provocan el vómito. A todo esto se le añade un exceso de actividad física.

También hemos hablado de la distorsión de la imagen corporal, verse gorda aún estando demacrada. Algunas pacientes manifiestan la alteración en su imagen corporal no como distorsión perceptiva, sino como expresión de una gran insatisfacción con su figura corporal, o como un deseo de seguir bajando peso, o mantenerse en ese estado demacrado.

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La negativa a comer y querer seguir bajando de peso provoca graves consecuencias físicas: en las adolescentes se retrasa su desarrollo sexual y tanto en adultas como en adolescentes, se pierde el interés por el sexo (llegando a ser un tema conflictivo), amenorrea (pérdida de la menstruación), cefaleas, hipoglucemias, disminución de la densidad ósea, caries dentales, pancreatitis, problemas dermatológicos, arritmias cardíacas, bradicardia… Y también provoca consecuencias mentales como depresión, ansiedad, trastornos de la personalidad (personalidad evitante y dependiente) y trastornos obsesivos-compulsivos.

La bulimia nerviosa es otro trastorno alimentario y psicológico que se caracteriza por la necesidad imperiosa, irrefrenable, de ingerir grandes cantidades de comida, generalmente de elevado contenido calórico. Como consecuencia de este atracón, la persona se siente culpable y tiene fuertes sentimientos de autorrepulsa por lo que se provoca el vómito o toma purgantes o laxantes. Al contrario que la AN, su peso no tiene por qué llamar la atención, por lo que es muy difícil de diagnosticar. También tiene mayor incidencia en el género femenino y la edad inicial oscila entre los 18 y los 25 años.

Se preocupan por la imagen corporal pero de distinta manera. La queja principal de las pacientes bulímicas es la falta de control de impulsos al sucumbir a los atracones. Los atracones suelen llevarse en secreto y las pacientes intentan tener previstos determinados detalles para no ser descubiertas. Los períodos de atracones pueden alternarse con episodios de ingesta normal o también con ayunos y dietas. Las conductas purgativas (vómitos, laxantes) no van encaminadas a perder peso pero sí a mantenerlo, a no incrementarlo. En estas pacientes se puede dar también la sobreestimación corporal y presentan el mismo miedo que experimentan las anoréxicas a estar gordas.

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Las complicaciones físicas de la BN es depleción de los niveles de pérdidas de potasio, hipertrofia de la glándula parótida, hipocalemia, infecciones urinarias, arritmias cardíacas, crisis tetánicas (rigidez muscular), parestesia periférica, estreñimiento a causa de los laxantes, crisis epilépticas, esterilidad, migrañas, deshidratación, neumotorax, disfonia… Y psicológicamente se ha demostrado que tiene una alta comorbilidad con el trastorno límite de la personalidad, ansiedad, depresión, irritabilidad, ideas de suicidio, conductas adictivas y falta de control de impulsos.

Como podéis observar si habéis llegado hasta el final, es que aunque en la vida real parezcan trastornos no muy graves o se les reste importancia son muy, muy peligrosos para la salud. No ya solo la física, sino también la mental. Muchas jóvenes cambian sus hábitos de alimentación solo por los dictámenes sociales. Os parecerá una gilipollez, pero un solo comentario puede hacer muchísimo daño. Con una sola frase podéis joder la vida de una persona, no solo esos años de enfermedad, sino que lo llevará marcado toda la vida. O incluso se suicide por ello. Tenemos que educar a nuestros niños y a nuestras niñas de manera que el aspecto físico no sea tan relevante y darles armas para que luchen contra este tipo de comentarios. Hay que educar en la buena alimentación y la buena salud mental. La mente de los adolescentes es muy frágil y los trastornos alimentarios son muy frecuentes entre nuestros jóvenes. No es una tontería, ni se debe tomar a broma.

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